sábado, 16 de junio de 2012


Escuálida ventana que me dejas ver el rostro del viento despertando.
En una mañana casi bajo el agua, sin nada que perder.
Le hallo dibujos en los brazos a ese viento, le encuentro sabor a mora mezclada con destiempo.
La oblícua luz que me queda, se desvanece...
y se pierden y agonizan los ángulos a tientas.
La distancia que imagino, se burla de mis horas
y no puedo destruir la redondez de mis quejidos.
El contorno de un ruido se dibuja en el aire,
y una orilla fiel viene a mi rescate.
El Sur camina hacia el destierro, diviso sus huellas...
y sólo el Norte breve, se anima a desafiarme.
Ésta ventana que llora por sus vidrios mi talento,
resuelve silenciosa mis cálidos espantos.
Posible la escarcha, se pose en tu vientre
y cual manto de escamas, rodee tu inercia.
Venganza infinita, de dobles recelos
así es tu vida, así... como mirar desde el cielo.

              (Texto propio)

                

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