Escuálida ventana que me dejas ver el rostro del viento despertando.
En una mañana casi bajo el agua, sin nada que perder.
Le hallo dibujos en los brazos a ese viento, le encuentro sabor a mora mezclada con destiempo.
La oblícua luz que me queda, se desvanece...
y se pierden y agonizan los ángulos a tientas.
La distancia que imagino, se burla de mis horas
y no puedo destruir la redondez de mis quejidos.
El contorno de un ruido se dibuja en el aire,
y una orilla fiel viene a mi rescate.
El Sur camina hacia el destierro, diviso sus huellas...
y sólo el Norte breve, se anima a desafiarme.
Ésta ventana que llora por sus vidrios mi talento,
resuelve silenciosa mis cálidos espantos.
Posible la escarcha, se pose en tu vientre
y cual manto de escamas, rodee tu inercia.
Venganza infinita, de dobles recelos
así es tu vida, así... como mirar desde el cielo.
(Texto propio)

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